EL PROCESO DE ROMANIZACIÓN
La “romanización” es el
proceso de transformación gradual de los pueblos prerromanos que habitaban en
la Península en ciudadanos del Imperio Romano y la asimilación por éstos de sus
costumbres, organización política (provincias), jurídica (Derecho romano),
social y, muy especialmente, la lengua (el latín).
- Organización
político-administrativa.- Hispania fue dividida inicialmente en dos
provincias: la Citerior y la Ulterior, tomando como línea divisoria el eje
León-Mazarrón. Posteriormente, en el siglo III d.C. se subdividió en cinco
provincias: Tarraconensis, Cartaginensis, Baetica, Lusitania y Gallaecia. Aún
se añadieron dos posteriormente, la Balearica y la Mauritana-Tingitana. Cada
una de las provincias era gobernada por un pretor asesorado por el Consilium.
Se subdividían en conventos jurídicos como centros judiciales. Para la cuestión
hacendística estaba el cuestor, que elaboraba el censo que controlaba los
impuestos.
- Vías de comunicación.-
Con el objeto de controlar su amplio territorio, Roma se dotó de una excelente
red de comunicaciones. En Hispania las vías principales eran la Augusta (Valle
del Guadalquivir-Italia) y la Vía de la Plata (Gadir-Huelva, Mérida- Astorga).
Estas calzadas se convirtieron en ejes comerciales, pues enlazaban zonas y
ciudades del interior entre sí y de éstas con los puertos. Numerosos puentes de
la época permitían salvar los obstáculos naturales por donde transcurrían las
carreteras romanas.
- La ciudad.- En
el mundo romano las ciudades se convirtieron no sólo en centros político-administrativos,
sino también económicos, sociales, culturales… Se revitalizaron las ciudades
fundadas por los colonizadores y los indígenas, y nacieron otras nuevas. Pero
no todas poseían el mismo status. Podemos distinguir:
- Colonias:
Son fundaciones romanas a imagen de la Urbe: Barcino, Tarraco, Emerita
Augusta, Caesar Augusta, Bilbilis, Hispalis, Italica. Muy populosas algunas, en
ellas se elevaban multitud de edificios administrativos, teatros, coliseos,
acueductos y otros de utilidad pública.
- Ciudades
estipendiarias: Tomadas por la fuerza, por ello estaban obligadas a pagar
un estipendio o tributo, y sometidas fuertemente al pretor, máxima autoridad
romana.
- Federadas:
Conservaban sus derechos, pero estaban obligadas a prestar auxilio a Roma y
facilitar víveres para el ejército.
- Inmunes:
Disfrutaban de gran autonomía y estaban exentas de pagar impuestos.
- Organización
económica: El aumento de la producción agrícola y del comercio redundó en
un crecimiento de la población peninsular (7 millones de habitantes). La tierra
era símbolo de prestigio y riqueza. Se crearon grandes latifundios en manos de
la aristocracia senatorial y
se repartieron tierras entre colonos (antiguos soldados, por lo común, de
origen italiano), lo que supuso un crecimiento de la producción agrícola.
Aumentaron los regadíos (canales de Murcia y de Valencia), utillaje agrícola
más moderno, nuevas técnicas de cultivo (abonos, rotaciones). Hispania se
convirtió en colonia comercial respecto a la metrópoli: exportaba al resto del
Imperio vinos, aceite de oliva, minerales y esclavos; a cambio, importaba
productos manufacturados: cerámica, tejidos y objetos de lujo. Las ricas minas
peninsulares pasaban a propiedad del estado: las del oro del Noroeste, plomo de
Sierra Morena, plata y cobre de Cartagena, cobre de Riotinto y mercurio de
Almadén.
- Organización social:
El Imperio Romano era una sociedad esclavista muy jerarquizada y con distintos
grados de derechos políticos y jurídicos. Entre la población libre encontramos:
el orden senatorial (senadores latifundistas), el orden ecuestre (puestos
intermedios de la administración y dueños de negocios), los decuriones (burguesía
urbana) y la plebe (trabajadores). No obstante, siendo libres, no todos
poseían los mismos derechos. Hay ciudadanos romanos, latinos y súbditos del
Imperio. Conforme avanza el tiempo, tienden a unificarse, culminando este
proceso por la Constitutio antoniniana (Caracalla, 212 d.C.), que
concede la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio. En el
último peldaño de la escala social estaban los esclavos, sin derecho
alguno, la mayoría procedente de los ejércitos vencidos por Roma.
- Religión, cultura y
arte: La importación a la Península de los cultos romanos contribuyó a la
romanización, aunque sus dioses tuvieron que coexistir con un abigarrado
politeísmo de origen indígena, fenicio, griego y otros cultos, novedosos en
esta área del Mediterráneo, de origen oriental. Más tarde llegó el
Cristianismo, que en un largo proceso de tres siglos fue creciendo hasta
convertirse en religión oficial de todo el Imperio, y de Hispania por tanto:
otro lazo común con Roma.
Quizás el hecho
romanizador más evidente fue la implantación del latín, traído por soldados y
comerciantes. De él derivarían nuestras lenguas, y sólo el vasco, atrincherado
tras las montañas del Norte, pudo pervivir como lengua no romance.
Prueba de esta
romanización reseñada, numerosos personajes públicos de alto nivel nacieron en
nuestro suelo: emperadores (Trajano, Adriano, Teodosio), filósofos (L.A.
Séneca), historiadores (Lucano), geógrafos (Mela), Marcial el epigramista, etc.
Restos del dominio romano
se conservan por doquier en infinidad de obras públicas: acueductos (Segovia),
murallas (Lugo), puentes (Alcántara), teatros (Mérida, Sagunto, Cartagena),
anfiteatros (Itálica), monumentos funerarios (Torre de los Escipiones), arcos
de triunfo (Bará, Medinaceli), templos (de Diana en Mérida), etc.
LA CRISIS DEL SIGLO III:
EL RURALISMO: Durante el siglo III el
Imperio Romano entra en un periodo de crisis en todos los ámbitos debido a la
dificultad de administrar territorios tan amplios como había logrado conquistar
en épocas precedentes. Los elementos que caracterizan esta crisis son:
debilitamiento del poder imperial (emperadores militares), con la consiguiente
autonomía de los gobernadores provinciales; revueltas
campesinas; guerras civiles localizadas; presión de los pueblos bárbaros, etc.
Diocleciano intentó
atajar la crisis mediante una nueva división territorial-administrativa, pero
el enorme peso impositivo del estado llevó a los grandes propietarios rurales a
huir a sus villas. Las ciudades comenzaron a decaer y, debido a la inseguridad
reinante, el pueblo buscó la protección de esos terratenientes a cambio de
entregarles sus tierras y/o trabajo. Es el sistema de colonato, antecedente
del feudalismo. Esta ruralización atentaba contra las bases del Imperio y de
todo el sistema esclavista que lo caracterizó (los esclavos ya no son rentables
y el Cristianismo además critica su existencia). Paralelamente a este proceso,
los pueblos germanos (“bárbaros”) van infiltrándose en el territorio imperial,
pacíficamente unas veces (como federados de Roma) o de forma violenta.
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