Ratios, dignidad y futuro: el profesorado no es una pieza del sistema, es quien lo hace viable
Sobre la importancia del papel de un docente y el valor de su compromiso e implicación
Tras visualizar este vídeo he creído
necesario hacer la siguiente reflexión:
Es necesario que el profesorado despierte, que abandone cualquier tentación de acomodamiento y vuelva a reconocerse como un colectivo con fuerza moral, capacidad de influencia y responsabilidad social. No podemos permitir que la rutina, el cansancio o la resignación nos silencien. Somos una comunidad profesional que educa, forma ciudadanos, orienta conciencias y acompaña procesos vitales decisivos. En un mundo atravesado por desigualdades, violencia, discursos de odio, precariedad emocional y crisis de valores, el profesorado no puede permanecer al margen. Necesita levantar la voz, implicarse y recordar que su papel es profundamente transformador.
El
docente no es solo quien explica una materia;
es quien abre caminos, quien ofrece horizontes, quien acompaña dudas y
fortalece esperanzas. Su compromiso atraviesa el aula y se
proyecta sobre la sociedad. Por eso, cuando
exige mejores condiciones laborales, no está reclamando privilegios, sino
defendiendo un derecho colectivo: el derecho de los alumnos a recibir una educación digna. Luchar
por horarios razonables, ratios justas, estabilidad, recursos suficientes y
tiempos reales para preparar, atender, reflexionar e innovar es luchar por una
escuela que cuide, que piense y que eduque de verdad.
Un profesor que se
implica en la mejora del sistema educativo demuestra que entiende la
trascendencia de su tarea. Sabe que sin
condiciones adecuadas es imposible atender a la diversidad, evitar el abandono
emocional del alumnado, acompañar procesos personales complejos o desarrollar
propuestas pedagógicas profundas. Su reivindicación es ética, no
corporativa. Es la voz de quien sabe que la educación no es una fábrica de
resultados ni una maquinaria burocrática: es un espacio humano, cultural y
social donde se construye el futuro.
La
implicación docente también significa asumir una postura crítica ante los
problemas del mundo actual: desigualdad, violencia de todo
tipo, banalización de la verdad, deterioro democrático, crisis climática,
pérdida de referentes éticos. El profesorado tiene la capacidad —y el
deber— de ofrecer reflexión, ejemplo, coherencia y espíritu crítico. Debe
ser referente de compromiso, no solo dentro de su asignatura, sino en su manera
de estar en la escuela y en la sociedad.
Cada reivindicación justa, cada gesto de dignidad
profesional, cada defensa del valor de la educación, fortalece el
tejido democrático y social. Un docente consciente de su misión, que no se
resigna, que se organiza, que exige respeto y medios, contribuye a dignificar
la escuela y a proteger el futuro de quienes hoy aprenden en ella. Porque
defender al docente es defender la educación. Y defender la educación es
defender la humanidad que queremos ser.

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