Curso 2025/26- Historia de España (Bach) Textos PAU- Reinado de Alfonso XIII
TEXT0 2 à MOCIÓN DE LA ASAMBLEA OBRERA DE TARRASA. 21 DE JULIO DE 1909.
Considerando
que la guerra es una
consecuencia fatal del régimen de producción capitalista. Considerando,
además, que dado el
sistema español de reclutamiento del ejército, sólo los obreros hacen la guerra
que los burgueses declaran. La asamblea protesta enérgicamente:
1.-
Contra la acción del gobierno español en Marruecos.
2.-
Contra los procedimientos de ciertas damas de la
aristocracia, que insultaron el dolor de los reservistas, de sus mujeres
y de sus hijos, dándoles medallas y escapularios, en vez de proporcionarles
los medios de subsistencia que les arrebatan con la marcha del jefe de la
familia.
3.-
Contra el envío a la guerra de los ciudadanos útiles a la
producción, y en general, indiferentes al triunfo de la cruz sobre la media
luna, cuando se podrían formar regimientos de curas y de frailes que,
además de estar directamente interesados en el éxito de la religión católica, no
tienen familia, ni hogar, ni son de utilidad alguna al país (…)
4.-
Contra la actitud de los diputados republicanos que, ostentando el
mandato del pueblo, no han aprovechado la inmunidad parlamentaria para ponerse
al frente de las masas en su protesta contra la guerra y compromete a la clase
obrera a concentrar todas sus fuerzas, por si se hubiera de declarar la
huelga general para obligar al gobierno a respetar los derechos que tienen los
marroquíes a conservar intacta la independencia de su patria.
Análisis histórico de las ideas
del texto:
movimiento
obrero, guerra colonial y crisis del sistema de la Restauración (1909)
El texto se inscribe en el contexto de crisis
social y política del reinado de Alfonso XIII, especialmente en
el marco del conflicto
colonial en Marruecos y de la Semana Trágica de
1909, uno de los episodios más reveladores del fracaso del
regeneracionismo desde arriba. Se trata de un documento emanado del movimiento
obrero catalán, con una clara orientación antimilitarista,
anticlerical y anticapitalista, que expresa la creciente
radicalización social ante la incapacidad del sistema para integrar las
demandas populares.
La idea central del texto es la condena
de la guerra de Marruecos, interpretada como una consecuencia
directa del sistema capitalista y del funcionamiento
oligárquico del Estado liberal de la Restauración. La Asamblea Obrera niega
cualquier legitimidad nacional o patriótica al conflicto y lo presenta como una
guerra al servicio de los intereses económicos y políticos de las élites
dirigentes, lo que conecta con una lectura materialista y de clase del
imperialismo, muy presente en el socialismo y el anarquismo del momento.
Uno de
los ejes fundamentales del documento es la crítica al sistema de reclutamiento militar,
que permitía la redención en metálico y, por tanto, eximía a las clases
acomodadas del servicio militar. Esta denuncia enlaza directamente con las
reformas frustradas del regeneracionismo político: mientras figuras como
Canalejas intentaron suprimir este privilegio, en 1909 seguía vigente un
sistema desigual que hacía recaer el peso de la guerra sobre los obreros. El
texto subraya así una idea clave del periodo: el Estado liberal no
era percibido como neutral, sino como un instrumento al servicio de la
burguesía.
El
tono especialmente duro
contra la aristocracia
y la Iglesia debe interpretarse en el contexto de la
fuerte tradición anticlerical del
movimiento obrero urbano, particularmente en Cataluña. La
crítica a las “damas de la aristocracia” que ofrecen escapularios en lugar de
ayudas materiales simboliza el rechazo obrero a una caridad paternalista que no
cuestiona las estructuras de desigualdad. Esta dimensión explica también los
ataques a edificios religiosos durante la Semana Trágica y revela la fractura
cultural y social existente entre las clases populares y las
instituciones tradicionales del régimen.
La
propuesta —retóricamente provocadora— de enviar a la guerra a curas y frailes
expresa una doble idea: por un lado, la acusación de inutilidad social
de determinados estamentos; por otro, la afirmación del valor del obrero como
sujeto productivo indispensable. Esta visión conecta con el proceso de conciencia de clase que
se desarrolla en España a comienzos del siglo XX, en paralelo al crecimiento de
sindicatos como la CNT y la UGT, y refleja el distanciamiento del movimiento
obrero respecto a los valores tradicionales de la Restauración.
El
texto también manifiesta una clara desconfianza
hacia el parlamentarismo, al reprochar a los diputados
republicanos su pasividad. Este elemento resulta clave para comprender la
evolución política del periodo: incluso las fuerzas reformistas eran percibidas
como incapaces de transformar el sistema desde dentro. De ahí que la moción
contemple la huelga general como
instrumento legítimo de presión, lo que anticipa la creciente
conflictividad social que culminará en la crisis de 1917.
Finalmente,
la referencia a los derechos del pueblo marroquí introduce una dimensión
internacionalista,
poco habitual en el discurso político tradicional español, pero coherente con
la ideología obrera. Frente al nacionalismo defendido por sectores del ejército
y de la monarquía, el movimiento obrero cuestiona la legitimidad del dominio
colonial y establece un paralelismo entre la opresión exterior y la explotación
interior.
En
conjunto, el texto constituye una prueba evidente del agotamiento del
sistema de la Restauración, incapaz de canalizar las demandas
sociales generadas por la industrialización, la guerra colonial y la
desigualdad estructural. La Moción de la Asamblea Obrera de Tarrasa refleja
cómo, frente al regeneracionismo institucional de Maura o Canalejas, emergía
una contestación
social radical que ya no aspiraba a reformar el sistema, sino a
confrontarlo. En este sentido, el documento se integra plenamente en la
dinámica de crisis que, entre 1902 y 1923, conduciría al colapso del régimen
liberal y a la búsqueda de soluciones autoritarias.
AHORA análisis histórico de las ideas del texto con referencias
textuales
El texto pertenece al movimiento
obrero organizado en el contexto del reinado de Alfonso XIII y
se sitúa cronológicamente en 1909, en plena guerra
de Marruecos y en vísperas de la Semana
Trágica. Desde el inicio, el documento adopta una posición
claramente ideológica al afirmar que «la guerra es una consecuencia fatal del
régimen de producción capitalista», lo que revela una interpretación
marxista o socialista del conflicto, entendiendo la guerra como
producto de intereses económicos y no como una necesidad nacional.
Una de
las ideas centrales del texto es la denuncia de la desigualdad social ante
la guerra, que se expresa con claridad cuando se afirma que «sólo
los obreros hacen la guerra que los burgueses declaran». Esta frase
conecta directamente con el sistema de reclutamiento militar mediante redención
en metálico, vigente en ese momento, que permitía a las clases
acomodadas evitar el servicio militar. El texto refleja así una crítica frontal
al Estado liberal de la Restauración, percibido como clasista y al
servicio de la burguesía, incapaz de garantizar la igualdad de
los ciudadanos.
El
rechazo a la guerra colonial en Marruecos aparece
explícitamente en el primer punto de protesta: «Contra la acción
del gobierno español en Marruecos». Esta afirmación debe
relacionarse con el contexto del tema, donde la política colonial es uno de los
factores de mayor desgaste del sistema, culminando años después en el desastre
de Annual. Para el movimiento obrero, la guerra no solo es injusta socialmente,
sino también ilegítima desde el punto de vista político y moral.
El
texto introduce además una crítica social y moral a la aristocracia,
visible en la referencia a «ciertas damas de la aristocracia»
que, según el documento, «insultaron el dolor de los reservistas
(…) dándoles medallas y escapularios, en vez de proporcionarles los medios de
subsistencia». Esta frase expresa el rechazo obrero a la caridad
paternalista, considerada hipócrita e inútil frente a los
problemas reales de las familias trabajadoras. La crítica enlaza con el
profundo malestar social que, como se estudia en el tema, estalló violentamente
durante la Semana Trágica.
Especialmente
significativa es la referencia anticlerical del texto, cuando propone
irónicamente que «se podrían formar regimientos de curas y de frailes»
para enviarlos a la guerra. Más allá del tono provocador, esta frase refleja la
percepción del movimiento obrero de que la Iglesia formaba parte del bloque
social dominante, beneficiándose del sistema sin asumir sus
sacrificios. Esta idea ayuda a explicar la quema de conventos e iglesias
durante los disturbios de 1909 y la fuerte fractura cultural
entre clases populares e instituciones tradicionales.
Otra
idea clave del texto es la desconfianza hacia la representación
política, visible en la crítica a «los diputados
republicanos que, ostentando el mandato del pueblo, no han aprovechado la
inmunidad parlamentaria». Esta frase revela que, incluso las
fuerzas republicanas, eran consideradas insuficientemente combativas por
amplios sectores obreros. Ello conecta con la crisis del parlamentarismo
descrita en el tema y anticipa la radicalización política y social que
desembocará en la huelga general de 1917.
Finalmente,
el texto culmina con una clara amenaza de acción directa,
al comprometer a la clase obrera a concentrar fuerzas «por si se hubiera
de declarar la huelga general». Esta referencia explícita sitúa el
documento dentro de una estrategia de movilización obrera que desborda los
cauces del sistema político de la Restauración. Además, la mención a «los
derechos que tienen los marroquíes a conservar intacta la independencia de su
patria» introduce una dimensión internacionalista,
contrapuesta al imperialismo defendido por el Estado y el ejército.
En
conjunto, el texto refleja con gran claridad cómo, frente a los intentos de
regeneración desde arriba impulsados por Maura o Canalejas, se desarrolló una contestación
social radical que denunciaba simultáneamente la guerra
colonial, la desigualdad social y la falta de representación política. La
Moción de la Asamblea Obrera de Tarrasa constituye así un testimonio directo de
la crisis
del sistema de la Restauración y del creciente protagonismo del
movimiento obrero en la España de comienzos del siglo XX.

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