Para quienes me preguntan ¿para qué aprender?

"En la ignorancia del pueblo está el dominio de los príncipes; el estudio que los advierte, los amotina. Vasallos doctos, más conspiran que obedecen, más examinan al señor que le respetan; en entendiéndole, osan despreciarle; en sabiendo qué es libertad, la desean; saben juzgar si merece reinar el que reina: y aquí empiezan a reinar sobre su príncipe. [...] Pueblo idiota es la seguridad del tirano". F. Quevedo

Mostrando entradas con la etiqueta Otras cosas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Otras cosas. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de abril de 2026

Bando de la Huerta 2026

Bando de la Huerta 2026

El Bando de la Huerta la manifestación popular que refleja nuestro pasado, por eso es memoria viva de nuestras señas de identidad. Bajo el traje huertano, resuena el esfuerzo humilde de quienes labraron la tierra con sus manos y con el sudor de su frente alimentaron a su familia. Que la fiesta no borre su verdad: fuimos barro, sudor y esperanza, y en ellos seguimos siendo raíz y memoria.

Un poco de HISTORIA

El Bando de la Huerta de Murcia es una de las fiestas más representativas de la ciudad y tiene su origen en el siglo XIX, concretamente en torno a 1851, vinculado inicialmente a las celebraciones de carnaval.

En sus comienzos, esta fiesta no tenía el carácter festivo y reivindicativo actual, sino que surgió como una especie de parodia organizada por jóvenes de clases acomodadas, que imitaban y exageraban las costumbres de los huertanos. Estos desfiles incluían trajes tradicionales, carros decorados con productos agrícolas y escenas costumbristas, pero con un tono burlesco hacia el mundo rural.

Con el paso del tiempo, el sentido del Bando cambió profundamente. A finales del siglo XIX y, sobre todo, durante el siglo XX, los propios huertanos fueron ganando protagonismo y la fiesta evolucionó hasta convertirse en una exaltación de la identidad, la cultura y las tradiciones de la huerta murciana. Además, comenzaron a leerse “bandos” o textos festivos, muchas veces en panocho, que reflejaban la vida cotidiana, la crítica social y el humor popular.

El historiador Antonio Pérez Crespo, en su obra El entierro de la Sardina y el Bando de la Huerta en el siglo XIX (1998), analiza esta evolución, destacando cómo la fiesta pasó de ser una burla social a un símbolo cultural profundamente arraigado en Murcia.

Hoy en día, el Bando de la Huerta es una celebración multitudinaria que forma parte de las Fiestas de Primavera y está declarada de Interés Turístico Internacional. Representa el orgullo por el pasado agrícola de la región y la continuidad de sus tradiciones, convirtiéndose en un elemento clave de la identidad murciana.

"Ande se reían los señoricos, agora mandan los huertanos.”

De risa fina al son de la ciudad,
nació entre burlas de salón y seda,
jugando a huertanos, casi sin verdad,
la élite al campo, distante, remedaba.

Mas la tierra habló con dignidad,
y el surco humilde alzó su voz entera,
tornó la mofa en viva identidad
y el pueblo hizo suya la bandera.

Hoy viste Murcia traje de raíz,
y el huertano es memoria que perdura,
flor que resiste al paso y es feliz.

Del gesto antiguo nace la hermosura:
ya no hay burla, hay orgullo y hay país,
y el Bando es alma viva de la Murcia pura.


sábado, 22 de agosto de 2020

Felipe V. Felipe V y sus alucinaciones.

 Las alucinaciones de Felipe V, el primer Borbón de España.

Felipe V “se creía rana” y “apenas se aseaba”: cómo el rey español más trastornado pasó a la historia como un gran monarca

El primer Borbón que reinó en España padecía fuertes depresiones y alucinaciones que la historia parece haber pasado por alto en más de una ocasión

ü  "Una madrugada Felipe V quiso montar uno de los caballos que aparecían dibujados en los tapices del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, pues creía que eran tan reales como él mismo", reconoce el doctor en Historia Eduardo Juárez

ü  Llamaba la atención el fervor sexual del rey. El mismo que sentía por la religión y que le llevaba a vivir en constante contradicción, pues cada vez que tenía relaciones sexuales, algo que ocurría a menudo, sentía la necesidad de confesarse inmediatamente para desembarazarse del pecado que acababa de cometerç

ü  Felipe V murió a los 60 años entre enajenaciones y desvaríos a los que se sumaba una falta de higiene personal tal que cuando trataron de amortajarle al quitarle la ropa que llevaba puesta se iba también la piel

Felipe V llegó a pasar 15 días postrado en la cama del palacio del Buen Retiro afirmando a gritos que estaba muerto. Tal y como confirma Eduardo Juárez, doctor en Historia Moderna, lo repetía insistentemente con la intención de demostrarse a sí mismo que seguía estando vivo. El monarca fue el primer Borbón que reinó en España y vivía obsesionado con la muerte y la enfermedad: Estuvo 30 años asegurando a todo el que quería escuchar que fallecería de forma inminente ("es triste no ser creído, pero no tardaré en morir y se verá que tenía razón", le decía al cardenal Alberoni) y apenas comía porque decía que todo le sentaba mal.

El quinto Felipe de la historia española, nacido en Versalles en 1683, era maníaco-depresivo, se negaba a cortarse las uñas de los pies hasta que apenas podía caminar, dormía de día y reunía a la corte de madrugada. Tampoco quería cambiarse de ropa porque tenía miedo a ser envenenado a través de ella, no se dejaba asear y sufría delirios. "Una madrugada Felipe quiso montar uno de los caballos que aparecían dibujados en los tapices del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, pues creía que eran tan reales como él mismo" (Eduardo Juárez).

Creía ser una rana y negaba su condición humana

En otras ocasiones, el Borbón alucinaba creyendo ser una rana y como tal se comportaba en palacio. Croaba y brincaba por las estancias de La Granja negando su condición humana, pues estaba seguro de que carecía de brazos y piernas. Pero estos problemas no eran algo nuevo en la familia: su madre, María Ana Victoria de Baviera, sufrió fuertes depresiones que la llevaban a encerrarse durante días en sus aposentos sin querer ver a nadie y finalmente murió a los 30 años, cuando Felipe tenía solo seis.

Sin embargo, cómo trasciende un personaje al imaginario colectivo no siempre es un reflejo fiel de lo que realmente aconteció. A pesar de las escenas que el rey montaba en palacio de forma recurrente, logró tener muy buena prensa y ha pasado a la historia como un monarca reformador del Estado español y al que se le llamaba de forma benevolente El animoso. "Apenas se habla de que Felipe era demente, como tampoco se destaca que en el Tratado de Utrecht perdió todos los territorios españoles europeos", señala Juárez. La ddoctora en Historia Marina Alfonso Mola reconoce que se sabe muy poco de Felipe V, "un rey al que se le ha dedicado muy poco tiempo". La historiadora recuerda que fue el primer rey extranjero que tuvo España y eso se nota en el trato que le ha dado la historia. "Un ejemplo es que siempre se dice que la IIustración la comenzó su hijo Carlos III, pero la realidad es que fue él quien la inició", matiza Marina Alfonso.

Un rey incapaz de gobernar solo

Otro agravante que desembocó en sus salidas de tono es que al sucesor de Carlos II no se le educó para ser rey, y menos rey de España. "Siempre fue el segundón de sus hermanos y de pronto se encontró con una responsabilidad que le superaba, no se sentía capaz de estar a la altura y sufría por ello", anota Marina Alfonso. Tenía 17 años cuando, en 1700, cambió Versalles por la corte española solo y sin apenas hablar español. De ahí que el idioma que se hablara en la corte durante su reinado fuera el francés. "En La Granja todos los topónimos del jardín son palabras en francés adaptadas al castellano y tanto la abdicación como el codicilo de su testamento están escritos en ese idioma", apunta Juárez.

El primer Borbón de España fue un joven culto y abierto de mente, pero tenía serias dificultades para adaptarse. Su padre, Luis de Francia (hijo de Luis XIV), y su hermano Luis, murieron cuando él ya se encontraba en España. Estas pérdidas acrecentaron aún más la sensación de soledad y desamparo que tanto le angustiaba. "Felipe V tuvo tutores que le ayudaban a reinar porque las depresiones que padecía le impedían hacerlo. Estuvo rodeado de políticos muy capaces que terminaron gobernando por él. Felipe no quería ser rey de España, lo que quería era quedarse en Francia, por eso mandó construir La Granja, un palacio real al estilo francés donde pensaba retirarse en cuanto pudiera abdicar en su hijo Luis", explica a Icon el historiador.

Su fervor sexual le llevaba a confesarse constantemente

Además de sus manías y delirios, llamaba la atención el fervor sexual del rey. El mismo que sentía por la religión y que le llevaba a vivir en constante contradicción, pues cada vez que tenía relaciones sexuales, algo que ocurría a menudo, sentía la necesidad de confesarse inmediatamente para desembarazarse del pecado que acababa de cometer. "Le aterraba morir en pecado y, como se pasó media vida creyendo que se estaba muriendo, iba a misa a diario para que le absolvieran lo antes posible", afirma Juárez.

Felipe V se casó solo unos meses después de ser coronado rey de España con María Luisa Gabriela de Saboya, de quien terminó enamorándose con la misma obsesión que dominaba su existencia. La vida sexual del matrimonio fue ajetreada y juntos tuvieron cuatro hijos, pero en 1714 ella murió, con 25 años, a causa de la tuberculosis. Al poco tiempo de enviudar, el monarca se casó con Isabel de Farnesio, con quien tuvo siete hijos más. "El rey era muy activo sexualmente, pero muy fiel. No concebía mantener relaciones con otras mujeres que no fueran su esposa cuando se encontraba lejos de casa y se ofendía muchísimo si le ofrecían la posibilidad de hacerlo", explica Marina Alfonso Mola, que también incide en el hecho de que el Animoso fue el último rey español en ir a la guerra y dar ejemplo participando personalmente en una batalla. Precisamente durante los meses que pasaba fuera de palacio concentrado en estrategias militares su salud mental mejoraba y sus obsesiones y delirios -a los que se referían como "vapores"- apenas hacían acto de presencia.

Era ciclotímico: pasaba de no levantarse a una actividad sin freno

Sin embargo, cuando regresaba a la corte volvían sus miedos e inseguridades. Era ciclotímico: pasaba de ser incapaz de levantarse a llevar una actividad sin freno. Como explica Marina Alfonso Mola, el rey era muy responsable pero sentía una inseguridad absoluta que le paralizaba porque pensaba que se equivocaba constantemente en sus decisiones. A Felipe V le pudo una presión para la que nadie le había preparado en Versalles y su sueño no era otro que abdicar en su hijo Luis para poder retirarse a La Granja. "Él habría sido feliz siendo un noble sin ambiciones políticas", reconoce la doctora en Historia. Finalmente, logra apartarse de la corona en 1724, pero Luis I muere de viruela ocho meses después de acceder al trono, a los 17 años, y Felipe no tiene más opción que volver a tomar el mando. Aunque ya es tarde. A partir de entonces el rey nunca recobraría la cordura.

Le obsesionaba la muerte y no quería bañarse

"El rey está bajo una continua tristeza. Dice que siempre cree que se va a morir, que tiene la cabeza vacía y que se le va a caer. Y no es que tenga miedo de la muerte pues no la teme en absoluto pero le absorbe involuntariamente esta idea y no puede desprenderse de ella. Quisiera estar siempre encerrado y no ver a nadie más que las personas, muy pocas, a que está acostumbrado. A cada momento me manda a buscar al padre Daubenton o a su médico, pues dice que esto le alivia". En la biografía Felipe V, de Marina Alfonso Mola y Carlos Martínez Shaw, se recoge esta carta que envió el marqués de Louville, amigo y confidente de Felipe V, al canciller Torcy.

Las salidas de tono que sufría Felipe V tuvieron lugar, en más de una ocasión, en presencia de diplomáticos que las dejaron reflejadas en la correspondencia que enviaban. "Lo cierto es que es imposible tener una visión real de lo que le ocurría al rey porque tenemos que fiarnos de lo que otros decían", opina Mola. Lo que ha trascendido es que a los 45 años la locura del rey no tenía marcha atrás. Murió a los 60 entre enajenaciones y desvaríos a los que se sumaba una falta de higiene personal tal que cuando trataron de amortajarle al quitarle la ropa que llevaba puesta -y que durante tanto tiempo se negó a quitarse- se iba también la piel. "Tuvieron que momificarle. Es el único rey de España momificado, pero fue imposible hacer otra cosa con él", afirma Eduardo Juárez.

El motivo por el que su locura que no pasó a la historia

Como afirma Juárez lo más sorprendente del caso de Felipe V es que "su locura" no haya trascendido más. Como sí ocurrió, por ejemplo, y con menos motivos, con Juana I de Castilla, popularmente conocida como Juana la Loca. El historiador lo explica así: "Por motivos políticos y dinásticos, en el caso de Juana interesó que se la tomara por loca. Con Felipe, sin embargo, no convenía". Juárez recuerda que cada persona histórica es una caricatura asociada a un momento histórico (véase el caso de Carlos II, el Hechizado). Felipe V estuvo al frente de un proceso reformista borbónico en el que no encajaba un protagonista débil y trastornado, de ahí que para conocer los padecimientos que dominaron su azarosa vida haya que profundizar en la historia.

Articulo extraído del diario "El País", puede verse pinchando aquí. 


sábado, 12 de enero de 2019

Valdano: El genio futbolístico es un matemático que no tiene que saber contar.

Aquí os dejo una reflexión de Valdano sobre el fútbol. 

El genio futbolístico es un matemático que no tiene que saber contar. Recibe un balón al tiempo que su vista de águila descubre una oportunidad a 30 metros. Es un compañero que arrancó hacia la portería contraria ganándole la posición a su marcador. El balón deberá caerle delante para defender la ventaja que tiene ganada, pero no demasiado para no darle al portero la oportunidad de salir del arco e interceptar la acción. Un prodigio de precisión y un milagro de medición que coordina varias velocidades (la del balón, la del compañero, la del defensor, la del portero, la de la línea del fuera de juego…) en un terreno limitado. Lo que el cerebro no podría resolver con papel y lápiz, lo hace la inspiración a la velocidad del rayo y acompaña el pie en un acto reflejo. Quien no se asombre ante esta mágica resolución no sabe nada de seres humanos ni de fútbol ni del poder de la adivinación ni de matemáticas. Ni tampoco de Messi.

Puedes leer completo el artículo completo en el diario "El País": pincha aquí.